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Laura Antillano: Las mujeres que escribimos


“Cerramos la boca /como si el silencio retrasara las palabras/limitándonos a ver las horas/que no dan esa tranquilidad/que buscamos en libros y templos”, escribió Lyerka Bonanno, la poeta valenciana, en su libro: “El zigzag de la máquina de coser”, publicado en el 2007 por editorial El perro y la rana. He pensado en él a raíz del 1er Encuentro Mundial de Escritoras, que organizó Fundarte (Alcaldía de Caracas), esta  pasada semana. La escritora ya no está en Venezuela, pero la recordamos con afecto, nos acompañó en un conversatorio sobre su escritura hace unos años, en la sede de La letra voladora de Naguanagua, y fue una nutritiva conversación la que tuvimos, en un ciclo que incluyó a varias compañeras y compañeros poetas, para darlos a conocer entre la gente que ese momento asistía al taller de la entidad.

Recuerdo  a  Niddy Calderón,( quien ahora trabaja afanosamente con terapias relativas al encuentro con lo femenino), a  Norys Nicollielo, a Azul Urdaneta, en un siclo mixto de encuentros , que resultó muy acogedor, con el diálogo entre escuchas y lectores o lectoras.

El esfuerzo reciente de Fundarte incluyó en virtual (por supuesto), al teatro  y otras expresiones, de varios países, y entre voces notables a Celsa Seco y Ana María Palomares, entre  las poetas venezolanas  con tradición. Fue como se dice popularmente “una movida de matas, una sacudida importante.

Una charla de Mariana Libertad inicial se refirió a la generación de escritoras venezolanas cuya obra se ha difundido localmente desde nuestras cátedras universitarias (y me refiero a las universidades nacionales), el tiempo hizo que ubicara el contexto y la importancia de esa generación de los años 40 del siglo pasado, a la cual algunos tesístas han dedicado sus investigaciones y merecerían mayor reconocimiento. Estamos pensando ahora en gente como Ana Mercedes Pérez (de Puerto Cabello, por cierto)”como una cigarra en desvarío, odio la disciplina/acribillada”. Mujeres que escribieron  desde temprano, tuvieron vida profesional en medios  impresos y abrieron la brecha. Mariana dio también un taller desde ese Encuentro, creo que sobre el tema, por lo cual celebramos su trabajo permanente al respecto.

Aparte hay otros nombres que debemos retomar en las lecturas, como Reyna Rivas  (“la palabra padece/la palabra tiembla, la palabra yace/ardiendo entre su fuego y sus iridiscencias”), Emira Rodríguez (“es que tenemos aún corazón,¿ en dónde estuvo durante tanto tiempo?”).

Recuerdo nombres de otros contextos, muy posteriores, como Martha  Kornblith y su “Sesión de endodoncia”: “Madre/he de confesarte que además de/haber enterrado a la muñeca/no he cumplido con tus aspiraciones/de buena ama de casa, madre de hogar,/hijos, nietos,etc./que me convertí en poeta/que es lo mismo que decir/en poeta suicida”.

Un extenso mundo de literatura que debería tener una inclusión editorial mayor, eso esperamos.

Laura Antillano