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Rubén Limas: Una respuesta necesaria


Aunque intentes ofenderme, no puedes. Tus alaridos quejumbrosos ya no impresionan, ni intimidan a nadie. No hay duda que ese colérico acto que llamaron acto nacional y tu intervención, es una respuesta al hecho de que has quedado al desnudo y nunca más podrás alquilar AD, de acuerdo a tus intereses personales.

Cuando te llega la chiquita, arrugas, como cuando huiste de Carabobo para ser diputado por Miranda, huyendo de unos férreos dirigentes a los cuales no enfrentaste. Cuando debiste asumir el liderazgo que todo el partido te exigía para ser candidato presidencial en el 2018 y encaminar al país a la salida constitucional, pacífica y democrática de la que tanto te jactabas decir. Cuando después del fallido intento de revuelta del 30 de abril, donde apareciste además retardado – algunos creen inexplicablemente – nosotros creemos que se debió a tus maléficos cálculos, que ya no te están funcionando, te fuiste corriendo a la casa de un empresario a llorar durante 7 horas para que Maduro te perdonará y allí vendiste a otro compañero que fue el que pagó tus platos rotos, y fue llevado impunemente por las fuerzas represoras del régimen desde las mismísimas puertas del CEN de AD. Además de un acto de cobardía, un acto desleal y de traición, como siempre le has terminado de pagar a tus más cercanos colaboradores.

Estás enfermo del alma, el único que puede curarte es Dios. Entre el siglo 20 y el 21, tan solo tienes comparación con Chávez con su capacidad de intentar ofender por pensar distinto.

En tus afirmaciones en ese acto, otra vez estás equivocado, porque eres tan engreído que ni siquiera conoces bien a los que en algún momento has dirigido. Mi presencia en Caracas es una decisión de la nueva dirección nacional de AD, que salvará al partido de tus negocios y a la que nunca volverás, y lo sabes, porque los aires de cambio interno que se respiran aseguran que no podrás seguir siendo un obstáculo para que las nuevas generaciones de AD asuman el rol protagónico que les corresponde. Pero además deberías saber que fue en Caracas donde estudie primaria en una populosa parroquia de esta ciudad. Viví en la Pastora buena parte de mi infancia y mis fines de semana eran en la Plaza Caracas o en el 23 de enero. Todos mis hermanos menores son Caraqueños.

No solamente conozco las estaciones del metro, donde muchísimas veces me monte con mi padre: un trabajador de la GMV – seres a los que tú desprecias – sino que además, te reto a que subas conmigo al sector Altos de Lídice, para que veas como tú eres abucheado y yo reconocido.

Tu hiciste de AD tu hacienda personal, y hemos decidido romper con esa mala práctica. El 13 de junio tomaste una decisión que no te correspondía vía tuit, porque lo que te correspondía era convocar al partido y escuchar su opinión de lo que estaba pasando. Pero en el fondo desprecias la opinión de quienes militamos en AD, por ello no convocabas al CEN desde hace rato, solo lo hacías para expulsar a alguien. Muchas veces vi lo berrinches que formabas cuando la agarrabas contra algún dirigente. Lo corrías de tu oficina, intentando humillarlo, le ordenabas a tu secretaria prohibirle entrar a tu recinto, rompiste afiches. Siempre estuve en desacuerdo con esa conducta, extrañando la falta de respuesta del ofendido.

Mis acciones están encaminadas a enfrentar a este régimen que destruyó a Venezuela, una nueva dirección de AD ha llegado, como llegaste tú en el 2000, que se ha empeñado en renovar cuadros, distinto a tu conducta agresora con las nuevas generaciones a la que fusilaste y es larga la lista.

Debes abandonar esa vieja costumbre de insultar a los dirigentes, ofenderlos e intentar humillarlos. Muchos de los que te acompañaron a ese bochornoso acto y aplaudían, lo saben, ellos también han sido víctimas de tu intolerancia.

Después de estar 60 años en la política solo apareces en las encuestas con el 0,4% según los últimos estudios de opinión, ósea a penas 400 personas te siguen o confían en tí, y debes admitir que es una exageración.

Finalmente, te expresaste hacia la profesión de médico traumatólogo de manera tan despectiva como repudiable, como me lo han hecho saber muchísimas personas. Yo tengo pacientes, jamás clientes.  Soy un orgulloso “Remienda Huesos”, porque en mis manos ponen los pacientes sus esperanzas de caminar, de andar, de vivir con calidad y dignidad. El honorable título de político es algo que en cualquier momento puede dejar de ostentarse. Pero el sagrado título de médico del pueblo es algo irrenunciable, que me he ganado no solo en años de estudios nacionales e internacionales, sino en las salas de emergencia de los hospitales venezolanos. Soy y seré para siempre médico y no tengo un título más honorable que ese.